“La charcutería ya no compite solo con el supermercado de la esquina; también lo hace con el algoritmo.” Mientras las nuevas generaciones descubren tendencias gastronómicas a golpe de vídeo y las redes sociales marcan buena parte de la conversación sobre alimentación, un oficio con siglos de historia busca reinventar la forma de contar su valor. El sector de la charcutería se enfrenta a retos que van mucho más allá de las ventas: atraer talento joven, defender la calidad frente a la guerra de precios, responder a consumidores cada vez más exigentes y aprovechar las oportunidades que ofrece la digitalización.
En medio de esta transformación surge CharcutExpo 2026, una cita que quiere convertirse en el gran escaparate de la innovación, el conocimiento y las oportunidades de negocio para los profesionales del sector. Conversamos con Lorena Oliva, Event Manager de CharcutExpo 2026, sobre el presente y el futuro de la charcutería, un sector que busca mantener intacta su esencia mientras aprende a hablar el lenguaje de una nueva generación de consumidores.

Pregunta. La charcutería vive entre la tradición y TikTok. ¿Crees que el sector está sabiendo contar su valor o seguimos comunicando como hace 20 años?
Respuesta. Creo que estamos en un momento de cambio. La charcutería siempre ha tenido una gran historia detrás, pero durante mucho tiempo no la hemos contado con la fuerza que merece.
Las nuevas generaciones descubren una gran cantidad de información a través de las redes sociales, del vídeo, de formatos más rápidos y visuales. Eso no significa perder rigor ni convertir el oficio en algo superficial. Al contrario, significa encontrar nuevos lenguajes para explicar mejor el valor de siempre.
El sector tiene una oportunidad enorme para comunicar mejor, para enseñar lo que sabe hacer y para volver a ocupar un espacio relevante en la conversación gastronómica. No se trata de elegir entre tradición o TikTok, sino de entender que la tradición también necesita nuevos escaparates.
P. Muchos profesionales dicen que hoy cuesta más encontrar relevo generacional que vender productos. ¿El gran reto del sector es económico… o de prestigio del oficio?
R. El reto económico existe, como en cualquier negocio, los márgenes, los costes, la competencia, la rentabilidad del punto de venta. Pero creo que el gran desafío es también el prestigio. Durante años hemos hablado mucho del producto y quizá menos del oficio. Y detrás de una charcutería hay conocimiento, técnica, criterio, trato con el cliente y una capacidad de prescripción que no se aprende de un día para otro.
Para atraer a nuevas generaciones tenemos que presentar la charcutería como lo que realmente es, una profesión con futuro, con especialización, con posibilidades de emprendimiento y con un papel muy importante dentro de la alimentación de proximidad. Hoy una charcutería puede ser un comercio tradicional, pero también un espacio gastronómico, una tienda especializada, un negocio digitalizado o un modelo con nuevas líneas de venta.
Si conseguimos que los jóvenes vean el oficio como algo dinámico, rentable y con reconocimiento social, el relevo generacional será mucho más fácil. Y ahí encuentros como CharcutExpo pueden ayudar mucho, porque ponen al sector en valor y muestran que hay innovación y oportunidades reales.

P. En un momento donde todo compite por precio, ¿Cómo se defiende la charcutería artesanal frente a la industrial sin caer en el discurso de “lo de antes era mejor”?
R. Se defiende explicando mejor el valor de un producto más premium y de proximidad. La charcutería artesanal no puede competir solo por precio porque su fortaleza está en otra parte, en la calidad de los ingredientes con las que se crean los productos, en la elaboración con productos de origen y en la experiencia de un equipo especializado.
El discurso no debe ser “lo de antes era mejor”, sino “esto tiene un porqué”. Por qué elegimos un producto, por qué lo cortamos de una forma determinada, por qué recomendamos una pieza u otra, por qué una tabla funciona mejor con determinados quesos o embutidos, por qué merece la pena pagar un poco más por algo bien seleccionado.
El consumidor actual no rechaza pagar por calidad, pero necesita entenderla. Por eso la charcutería especializada tiene que diferenciarse con un producto de calidad y más premium y con la generación de experiencias durante la compra. Ahí está su gran ventaja frente a un modelo puramente industrial, no vende solo producto, vende criterio.
P. Hay consumidores que quieren saberlo todo: origen, ingredientes, bienestar animal, sostenibilidad… ¿La charcutería está preparada para ese nivel de exigencia o todavía va por detrás?
R. El consumidor ha cambiado mucho y el sector tiene que acompañar ese cambio. Hoy ya no basta con que un producto sea bueno, el cliente quiere saber de dónde viene, cómo está elaborado, qué ingredientes tiene, qué historia hay detrás y qué impacto genera. Esa exigencia no debe verse como una amenaza, sino como una oportunidad para diferenciarse.
La charcutería tiene muchos argumentos para responder a esa demanda, especialmente cuando hablamos de producto de calidad, de proveedores de confianza, de proximidad, de elaboración cuidada y de relación directa con el cliente. Pero también es verdad que debemos avanzar en transparencia, trazabilidad, comunicación y formación.
Muchas charcuterías ya lo están haciendo muy bien, pero el reto es que ese conocimiento no se quede dentro del mostrador. Hay que contarlo de forma clara, sencilla y creíble. El cliente informado valora más el producto cuando entiende lo que hay detrás.

P. Si dentro de cinco años alguien mira atrás y recuerda esta primera edición de CharcutExpo, ¿Qué te gustaría que hubiera cambiado de verdad en el sector gracias a encuentros como este?
R. Me gustaría que el sector de la charcutería hubiera dado un paso más allá, innovando a través no solo de producto, sino también en la experiencia de cliente, la gestión del negocio y en los canales de comunicación con sus clientes. CharcutExpo nace precisamente para eso, para impulsar el sector de la charcutería y mejorar su competitividad con productos más saludables, sostenibles y especializados, con herramientas de gestión para optimizar procesos, soluciones de digitalización, nuevos conceptos y formatos comerciales para reinventar el punto de venta como un espacio atractivo, eficiente y orientado al cliente.
Dentro de cinco años me gustaría que hubiera más jóvenes interesados en el oficio, más charcuterías digitalizadas, más negocios rentables, más colaboración entre profesionales y una mayor percepción social del valor que tiene este sector. La charcutería forma parte de nuestra cultura alimentaria y gastronomía, pero también puede ser una industria moderna, innovadora y con capacidad de crecimiento.
















