Aventín Graus se hizo viral gracias a la aparición en el reality ‘Soy Georgina’ en la que la influencer se declaró fan incondicional de sus longanizas. Pero detrás del pic de y la repercusión mediática hay una historia de tradición pero sobre todo de adaptación a los nuevo tiempos sin perder su esencia.
En un momento en el que crecer parece sinónimo de perder autenticidad, hay empresas que demuestran justo lo contrario. Que se puede ampliar, modernizar, digitalizar y llegar más lejos sin dejar de oler a obrador, a territorio y a receta bien hecha. La historia de Aventín Graus es, precisamente, la de ese equilibrio.
Judith Balaguer, CEO de la compañía, lo explica con naturalidad: el gran punto de inflexión no fue un producto concreto ni una campaña viral, sino el paso de empresa familiar de ámbito local a marca reconocida más allá de su comarca.
“Crecer sin perder nuestra identidad ha sido, sin duda, el gran reto y el mayor logro”. Y ahí está la clave.
“Crecer sin dejar de ser quienes somos”
Las ampliaciones y la modernización de las instalaciones en Graus marcaron un antes y un después. Más capacidad productiva, incorporación de tecnología, mejora de procesos. Pero con una premisa clara: no convertirse simplemente en una empresa más grande, sino en una empresa mejor.
Esa misma filosofía se trasladó a la tienda física. Aventín decidió ampliar y transformar su punto de venta en Graus para hacerlo más moderno, funcional y accesible, con mejor ubicación y horario ampliado de lunes a domingo.
El resultado no es solo una tienda: es un referente local en diseño, modernización y atractivo turístico. Hoy allí conviven sus elaborados con productos de la zona —quesos, vinos y otras especialidades—, convirtiéndose en parada obligatoria tanto para el cliente habitual del pueblo como para el visitante que quiere llevarse un pedazo del territorio a casa.
Porque Aventín no se entiende sin Graus. Y Graus, en parte, tampoco sin Aventín.

“La calidad es un compromiso diario”
Cuando se le pregunta a Judith Balaguer qué hace diferentes a sus productos, no habla de modas ni de claims vacíos. Habla de oficio.
“Nuestra diferencia no se basa en un único factor, sino en una forma de entender el trabajo”, explica. Y esa forma se sostiene sobre tres pilares: excelencia en la materia prima, mimo en cada fase de elaboración y respeto absoluto por la tradición heredada.
Trabajan con proveedores de confianza, muchos de proximidad y KM 0, con un vínculo directo que permite una selección cuidadosa.
Y trazabilidad completa. Controlan todo el proceso productivo, garantizando seguridad alimentaria, regularidad y un estándar constante. Pero insisten: la calidad no es solo un requisito técnico. Es un compromiso diario.
El producto mantiene el saber hacer tradicional del Pirineo aragonés, pero convive con procesos modernos que aportan precisión y eficiencia. La tecnología no sustituye la tradición; la protege.
“No queremos producir más a cualquier precio, sino producir mejor”, resume la CEO.

Longaniza de Graus, una identidad colectiva
Si hay algo que emociona especialmente a la compañía es su papel dentro de la Asociación de Fabricantes de Longaniza de Graus. Porque la Longaniza de Graus no es solo un producto estrella: es identidad colectiva.
La incorporación a esta alianza marcó un punto de inflexión. Y en ese camino hay un nombre que Aventín no quiere dejar de mencionar: Ramón Balaguer.
Fue una figura clave en la consolidación de esa unión empresarial. Con visión, liderazgo y profundo amor por el producto y el territorio, entendió que unir esfuerzos era la mejor manera de proteger la calidad y posicionar la longaniza como referente gastronómico nacional.
Tras su fallecimiento, quedó algo más que un recuerdo. Quedó una responsabilidad: continuar su legado. Seguir defendiendo la calidad, la colaboración y el respeto por la tradición con la misma convicción. Para Aventín, hablar de la longaniza es hablar de historia compartida.

Producto sin alérgenos, tradición personalizada
Muchos clientes buscan el sabor de siempre. Otros quieren formatos nuevos. ¿Cómo se combinan ambas cosas sin traicionarse? “Escuchando”, responde Judith.
Los productos emblemáticos mantienen la receta tradicional intacta. Ese sabor que recuerda a casa, a familia, a territorio. Pero los hábitos cambian, y la empresa lo sabe.
Por eso han desarrollado variedades como la longaniza sin alérgenos, la tradicional sin conservantes añadidos y adaptaciones específicas para restauración. Personalizan calibres, gramajes y formatos según necesidades concretas.
Han llevado la longaniza a terrenos más actuales: hamburguesas de longaniza, croquetas de longaniza, masa para pizzas, formatos porcionados listos para cocinar y servir. Así se acercan a públicos más jóvenes y a nuevas ocasiones de consumo, como barbacoas o propuestas informales.
También trabajan diferentes gramajes para hogares pequeños y formatos de gran capacidad para colectividades o restaurantes con alto volumen de servicio. No se trata de elegir entre pasado o futuro, sino de que convivan.

Sostenibilidad: responsabilidad, no tendencia
En un sector donde la palabra sostenibilidad aparece en cada discurso, Aventín prefiere hablar de hechos. Han invertido en eficiencia energética, optimización de procesos y reducción de consumos. Trabajan en la gestión eficiente del agua, la correcta gestión de residuos y la mejora progresiva de envases.
Pero la sostenibilidad, para ellos, también es social y territorial. Producir en Graus. Generar empleo estable. Contribuir al desarrollo económico del medio rural. Apostar por el territorio como modelo empresarial comprometido. Porque fijar población también es una forma de responsabilidad.
El online humaniza la marca
Para una empresa ubicada en el Alto Aragón, lo digital no es un complemento: es estratégico. Las redes sociales funcionan como una ventana permanente al día a día. Muestran el equipo humano, los procesos, las instalaciones y las raíces. Humanizan la marca. Generan confianza.
Pero además, su presencia online amplía el alcance comercial. Aventín realiza rutas de reparto con transporte propio en distintas zonas de Aragón y Cataluña, dando servicio a restaurantes, hoteles, tiendas y grandes superficies.
No cuentan con un gran equipo comercial recorriendo continuamente el territorio; gran parte de la gestión se realiza desde Graus. Ahí es donde internet multiplica oportunidades.
La web y las redes trabajan los 365 días del año. Refuerzan la imagen, posicionan la marca y generan nuevos contactos. Y esa estrategia ha tenido impacto directo en la venta online, con clientes habituales en distintos puntos de España.
Ahora incluso exploran la posibilidad de externalizar productos fuera de las fronteras nacionales. Detectan demanda y ven potencial de crecimiento, sin dejar de estar arraigados en casa.

Un mercado que ya no es el mismo
Mirando atrás, el mayor aprendizaje es claro: el mercado ha evolucionado a gran velocidad. Es más exigente, más informado. y más competitivo. La calidad es imprescindible, pero no suficiente. Hay que comunicarla, explicarla y demostrarla.
Aventín Graus mantiene una estructura ágil que les permite reaccionar con rapidez y ofrecer soluciones personalizadas. Trabajan con formatos base organizados, pero no se limitan a ellos.
Si un restaurante necesita una adaptación concreta, buscan cómo ofrecérsela. Si requiere un gramaje específico o una receta ajustada a su carta, la desarrollan. Esa flexibilidad —especialmente valorada en el canal horeca— forma parte de su ADN.
Futuro: ambición con responsabilidad
El crecimiento está en sus planes, pero no como una carrera descontrolada. Quieren seguir invirtiendo en innovación, mejoras productivas, sostenibilidad y formación del equipo. Fortalecer la presencia digital, consolidar la venta online y explorar mercados internacionales.
Pero, por encima de todo, quieren seguir siendo una empresa familiar fuerte, con raíces firmes en Graus. Generar empleo estable. Fijar población. Demostrar que desde el medio rural se puede competir con profesionalidad, innovación y excelencia.
Ambición y responsabilidad. En ese orden.

Georgina, Pepa y lo que de verdad importa
El episodio con Georgina Rodríguez fue una anécdota que generó visibilidad y comentarios en muchos lugares. Les permitió llegar a públicos nuevos, y están agradecidos. De hecho, sigue siendo consumidora habitual y amante declarada de su secallona y su longaniza.
Pero Judith lo deja claro: la publicidad es puntual; la fidelidad se consolida.
“Más allá del impacto mediático, lo que realmente valoramos es que cualquier cliente —se llame Georgina o Pepa y viva en nuestra localidad— disfrute del producto y repita”.
Porque, al final, en un sector donde todo evoluciona a gran velocidad, hay algo que no cambia: el sabor bien hecho, la confianza construida día a día y el cliente que vuelve.
*Reportaje publicado en la edición nº 448 de la revista Cárnica en papel.
















