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¿Vivimos con el enemigo en casa?

El pasado mes de diciembre, por fin, pudimos conocer las propuestas definitivas de la Comisión Europea sobre las nuevas normas para mejorar el bienestar animal en el transporte. Aunque van muy en la línea de lo esperado, realmente me han parecido incluso menos duras de lo que sospechaba, porque en las semanas previas se comentaba que habría consideraciones aún más restrictivas de lo que finalmente han sido.

Pero bueno, ahora que ya son una realidad, tampoco hay que echar las campanas al vuelo porque, aun siendo propuestas menos severas de lo que yo había llegado a imaginar, siguen siendo realmente limitantes y ya han hecho saltar todas las alarmas dentro del sector. Y no es para menos.

Veamos, la petición, presentada con el objetivo de mejorar el bienestar animal durante sus traslados, plantea una serie de restricciones que, según expresan diferentes voces del sector ganadero de nuestro país, podrían tener un impacto desmedido y desproporcionado. De hecho, la visión del director de ANPROGAPOR, Miguel Ángel Higuera, refleja la decepción compartida por aquellos que esperaban un enfoque más equilibrado y basado en avances científicos.

Desconexión por parte de las autoridades

El caso es que las limitaciones propuestas abarcan desde la prohibición del transporte de animales vulnerables hasta la imposición de límites en los viajes largos, pasando por la regulación de la temperatura durante el transporte. Aunque la intención de salvaguardar el bienestar de los animales en tránsito es lógica sobre el papel, es importante cuestionar la realidad de estas normativas, que parecen cargar más al sector que proporcionar mejoras significativas.

De hecho, la falta de transparencia en cuanto a la elaboración de estas propuestas y la aparente desconexión con las necesidades específicas de los ganaderos de los diferentes países europeos plantea la pregunta de si se busca el bien y el progreso común o estamos conviviendo con el enemigo dentro de nuestra propia casa.

Vivimos con el enemigo
No podrán circular camiones con animales durante el día cuando se superen los 30 grados de temperatura.

Mayor número de viajes

Uno de los aspectos más preocupantes es el aumento de costes que estas propuestas podrían imponer al sector ganadero. Higuera también ha advertido sobre el impacto financiero que se avecina, con cambios estructurales en las granjas, un aumento del 40 % en los transportes debido al cambio de densidad y la necesidad de invertir en flotas de camiones de mayor tamaño.

Este incremento en el número de traslados es otro punto de inquietud. Con restricciones adicionales en los viajes largos y la necesidad de cumplir con nuevos estándares de espacio, la respuesta pasa por aumentar la frecuencia de los viajes.

Además, esto no sólo aumentaría los gastos operativos para los ganaderos sino que también plantearía preocupaciones logísticas y medioambientales, con más vehículos en las carreteras y un aumento en la huella de carbono asociada al transporte de animales.

Los países del sur, los más afectados

Por otro lado, la falta de equidad en la aplicación de estas normativas es otro de los temas candentes porque la propuesta prohíbe el transporte a altas temperaturas durante el día, lo cual afectaría de manera desproporcionada a los países con temperaturas más extremas, como es el caso de España. Esto podría tener consecuencias graves en lugares donde las altas temperaturas son la norma durante ciertas épocas del año. La cuestión radica en si estas normativas tienen en cuenta las diferencias climáticas y geográficas entre los diferentes países europeos.

Vivimos con el enemigo
Permitir demasiado espacio obligará a atar a los animales para que no se golpeen con las paredes del camión durante sus traslados.

Y lo que me parece realmente injusto es que un ganadero en un país del norte, con temperaturas más moderadas, no experimente el mismo impacto que su homólogo en un país del sur, donde las altas temperaturas son más comunes. Vamos, que con esto, ¿qué se pretende? ¿Ahondar aún más en las disparidades existentes entre los países de la UE?

Al final, la duda que me surge es si estas medidas buscan verdaderamente mejorar el bienestar animal o si, de alguna manera, lo que se pretende es debilitar nuestra industria en lugar de fortalecerla. Daría para un programa de Iker Jiménez, no me cabe duda.

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