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Swipe right si tienes granja

Por Miriam PérezDirectora del área Cárnica

Hace unos días, unos directivos de la industria cárnica soltaron una frase que me dejó pensando: cuando un chico joven decide quedarse en la granja, “la novia de turno” le da calabazas, porque “se busca al economista o al abogado; el granjero no gusta”.

No voy a negar que la frase tiene todo lo necesario para hacerse viral: caricaturiza a las mujeres, simplifica las relaciones y rescata ese viejo tópico de que nos movemos por la nómina y el prestigio del puesto en LinkedIn. Pero lo interesante no es indignarse —eso es fácil— sino preguntarse por qué seguimos analizando las decisiones vitales desde un cliché tan estrecho.

Primero: asumir que el problema es que el campo “no gusta” implica que el conflicto es romántico, cuando probablemente es estructural. ¿Qué condiciones tiene hoy quien decide quedarse en una granja? (seas hombre o mujer)¿Qué apoyo institucional? ¿Qué conciliación? ¿Qué estabilidad real? La conversación debería ir por ahí.

Y aquí viene la parte incómoda: el mercado matrimonial —si nos ponemos frívolos— también ha cambiado. Tras la pandemia, con inflación, precariedad y un futuro urbano cada vez más caro y más incierto, resulta que tener tierra, producción propia y un modelo de vida menos dependiente de alquileres imposibles no suena precisamente retrógrado. Al contrario: suena estratégico.

No se trata de romantizar el campo ni de convertir al ganadero en el nuevo “partidazo”. Se trata de reconocer que el valor social de ciertos oficios fluctúa con el contexto económico y cultural. Y que quizá el problema no es que “las mujeres no quieran granjeros”, sino que durante años hemos desprestigiado el trabajo rural mientras idealizábamos profesiones de traje y oficina.

Como millennial, puedo decir algo con tranquilidad: no buscamos títulos, buscamos proyectos de vida que encajen con los nuestros. Y en un momento en que la estabilidad es casi un lujo, tener raíces, tierra y un oficio productivo puede ser tan atractivo —o más— que cualquier despacho en el centro financiero.

Quizá va siendo hora de dejar de hablar de “la o el novi@ de turno” y empezar a hablar de políticas públicas, prestigio social y futuro rural.

Y, ya puestos a romper mitos: si alguien cree que hoy el abogado compite con ventaja automática frente al ganadero, que mire (TikTok y busque “quiero un novio ganadero” o en cualquier app de ligoteo) además, por supuesto, del precio de la vivienda en las grandes capitales, el coste de la vida y/o el valor de producir alimentos. Igual hay sorpresas.

Lo dicho, Swipe right si tienes granja.

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