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Proteger el nombre “ibérico”: una responsabilidad inaplazable del sector

Por Juan Vicente OlmosDirector General del Grupo Monte Nevado

El término ibérico no es una simple etiqueta comercial. Resume un modelo ganadero y cárnico singular, una historia ligada a la Península Ibérica y un prestigio construido durante décadas. Precisamente por eso, que hoy el nombre ibérico no esté plenamente protegido fuera de España debería preocuparnos como sector. Y, sobre todo, debería impulsarnos a actuar.

Una norma sólida… pero con fronteras

En España, el ibérico está regulado por el Real Decreto 4/2014, que fija con claridad qué puede llamarse así: animales 100 % ibéricos y cruces al 75 % y 50 %, bajo condiciones estrictas de raza, edad, alimentación, pesos mínimos, tiempos de curación y certificación independiente.

Esta norma es el resultado de un amplio consenso entre el ministerio, las comunidades autónomas y las organizaciones sectoriales. Es decir, el sector ya trabaja, invierte y se controla conforme a un estándar exigente y compartido. Pero tiene un límite evidente: solo es aplicable a productos elaborados en España y Portugal o comercializados en España.

El problema: “ibérico” sin garantías fuera de España

Fuera de nuestras fronteras, la palabra ibérico puede aparecer en etiquetas de productos que no cumplen ninguno de los requisitos de nuestra norma: sin certificación de raza, sin control de edad al sacrificio y sin garantías sobre alimentación, peso o curación.

Esto abre la puerta a dos riesgos graves:

  1. Competencia desleal en mercados internacionales por parte de productos elaborados y/o etiquetados fuera de España como ibéricos, sin serlo conforme a nuestros estándares.
  2. Erosión de la reputación del ibérico: para el consumidor global, “ibérico” debería ser sinónimo de calidad, origen y sistema de producción muy concretos; si cada país lo usa a su manera, el término se devalúa.

Dicho de otro modo: hemos hecho el esfuerzo técnico, económico y organizativo para garantizar qué es ibérico, pero todavía no hemos cerrado del todo la puerta a que otros se apropien del nombre sin cumplir las mismas reglas. Si empiezan a hacerlo, adquirirán derechos que nos harán mucho más difícil, si no imposible, el registro de la IGP posteriormente. 

El objetivo: vincular legalmente “ibérico” a la Península Ibérica

El objetivo estratégico debería ser claro:

Que el término “ibérico” quede jurídicamente reservado a animales y productos originarios de la Península Ibérica, bajo criterios homogéneos a los ya vigentes en España.

No se trata de cambiar las reglas del juego internas, ni de introducir nuevas exigencias para los operadores españoles. Al contrario, se trata de hacer valer el modelo que ya estamos cumpliendo aquí, apoyándonos en el vínculo histórico, cultural y reputacional entre el ibérico y nuestra península.

La vía más adecuada: una IGP para el ibérico

La herramienta que mejor encaja en este propósito es la creación de una Indicación Geográfica Protegida (IGP) para el ibérico a nivel europeo.

Una IGP permitiría:

  • Ligar formalmente el nombre “ibérico” a la Península Ibérica, no solo por origen, sino también por el prestigio y las características del producto.
  • Proteger la denominación en toda la UE, dificultando los usos abusivos en otros países.
  • Dar coherencia a lo que ya hacemos: un sistema de producción regulado que se reconoce y se defiende también en el plano jurídico internacional.

Ya contamos con un precedente favorable en el caso del serrano, que ha obtenido el visto bueno de la administración europea. El ibérico, con un vínculo aún más claro a nuestra geografía y a nuestra historia cárnica, tiene argumentos sobrados para seguir la misma senda. 

¿Qué cambiaría para las empresas españolas?

Para los operadores españoles, una IGP del ibérico no supondría prácticamente cambios respecto a la situación actual:

  • Los requisitos productivos seguirían siendo los ya establecidos en el Real Decreto 4/2014.
  • Los sistemas de certificación, trazabilidad y etiquetado ya están implantados y consolidados.
  • La gran diferencia sería el valor añadido de la protección internacional del nombre “ibérico”, reforzando la posición competitiva de nuestras empresas y marcas en los mercados exteriores.

Es decir: no se pide hacer más, sino aprovechar mejor lo que ya se está haciendo.

Un deber histórico del sector

El ibérico es parte de nuestro patrimonio ganadero, industrial y gastronómico. No podemos permitir que su nombre se diluya por falta de protección jurídica más allá de nuestras fronteras, especialmente cuando disponemos de una vía razonable, asumible y alineada con la realidad actual del sector.

Estamos a tiempo de actuar, todavía. Pero cada día que pase, será más difícil. Como cadena —ganaderos, industriales, comercializadores, asociaciones, administraciones—, tenemos la responsabilidad de impulsar, con visión de futuro, la protección internacional del término ibérico. No es solo una cuestión de mercado, es un deber histórico con nuestro producto, con nuestra cultura y con las próximas generaciones del sector cárnico ibérico

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