Un estudio publicado en Current Biology documenta cómo una vaca utiliza una escoba de diferentes maneras según la zona del cuerpo que quiera rascarse, una habilidad cognitiva que hasta ahora se creía exclusiva de especies como los chimpancés.
Lo que el dibujante estadounidense Gary Larson imaginó como una broma absurda en su famosa viñeta ‘Cow tools’ publicada en ‘The Far Side‘—una vaca fabricando herramientas— se ha convertido en una realidad científica que desafía nuestra percepción del mundo animal.
Un nuevo estudio publicado en Current Biology ha documentado el caso de Veronika, una vaca de la raza Bos taurus que no solo utiliza una escoba para rascarse, sino que lo hace con una planificación y flexibilidad que hasta ahora se creía exclusiva de un “club selecto” de especies como los chimpancés.
La investigación, liderada por la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena y con la participación del investigador español Antonio J. Osuna-Mascaró, confirma que la inteligencia del ganado ha sido históricamente subestimada debido a su rol utilitario en la producción de alimentos y a la “negación de la mente” asociada al consumo de carne.
I+D en el establo: estrategia y precisión
Veronika, que vive en una granja austriaca, fue sometida a una serie de pruebas experimentales en las que se le ofreció una escoba en posiciones aleatorias. Lejos de reaccionar por instinto básico, la vaca demostró una comprensión mecánica sofisticada.
Los investigadores observaron que Veronika realizaba un uso polivalente de la herramienta: utilizaba el lado del cepillo (las cerdas) para rascarse zonas de piel dura en el lomo con movimientos de fregado, pero cambiaba de estrategia y usaba el lado del palo para aplicar una presión suave y precisa en zonas sensibles como la ubre o el colgajo del ombligo.
Este comportamiento implica “versatilidad, anticipación y puntería motora fina”, ya que el animal debía realizar complejos ajustes de agarre con la boca para orientar la herramienta correctamente según la zona que le picaba.
Un hallazgo que “obliga a pedir perdón” a los etólogos
La comunidad científica ha recibido el estudio con entusiasmo y autocrítica. Miquel Llorente, director del departamento de Psicología de la Universidad de Girona, asegura en declaraciones al Science Media Centre (SMC) España que este trabajo es “un soplo de aire fresco”. Llorente destaca que la clave no es la acción en sí, sino el proceso mental detrás de ella: “Veronika no actuaba por repetición mecánica, sino con una intención clara y funcional”.
“La verdadera novedad aquí no es solo que use un objeto, sino el uso flexible y polivalente”, explica Llorente al SMC España. El experto califica el hallazgo como un ejemplo fascinante de evolución convergente, donde la inteligencia surge para resolver problemas similares a pesar de que la vaca carece de manos y debe manipular el entorno exclusivamente con su boca.
Implicaciones para el sector: bienestar y enriquecimiento
Aunque se trata de un estudio de caso único (n=1), el hallazgo tiene profundas implicaciones para el sector ganadero y veterinario. Christian Nawroth, del Instituto de Investigación en Biología de Animales de Granja (Alemania), señala al SMC España que el hecho de que nos sorprenda tanto esta habilidad “dice tanto sobre nuestras percepciones de estas especies como sobre el comportamiento de los animales en sí”.
Para Llorente, esto cambia las reglas del juego en cuanto al manejo animal: “Si tienen este potencial mental, el enriquecimiento ambiental en granjas no debería ser un lujo, sino una necesidad ética para su mantenimiento y cuidado”.
Los autores del estudio concluyen volviendo a la referencia inicial: Veronika ha demostrado que la verdadera absurdidad quizás no resida en imaginar una vaca usando herramientas —como creía Gary Larson—, sino en haber asumido durante tanto tiempo que tal cosa nunca podría existir.
















