La reorganización de los servicios de inspección en frontera que fue impulsada por el Gobierno a finales de 2024 ya muestra resultados: en solo un año, los controles físicos a productos agroalimentarios han crecido un 7,5 %, consolidando un modelo más eficaz en seguridad alimentaria ante el aumento del comercio internacional.
El nuevo sistema, desplegado en los 45 puntos de control del país, entre puertos y aeropuertos, ha permitido optimizar recursos, mejorar la coordinación y eliminar duplicidades. El Gobierno ha incrementado el personal en un 20 % en los últimos cuatro años, y esto ha sido clave para este avance.
Los controles se estructuran en tres niveles: documental, de identidad y físico. Mientras los dos primeros se aplican al 100 % de las partidas, las inspecciones físicas se realizan de forma selectiva según el riesgo. Aun así, ciertos productos como el pimiento, el mango o el espárrago han experimentado un aumento del 80 % en estas revisiones.
Además, el análisis de pesticidas en laboratorio se ha incrementado un 50 %, ampliando el control a 400 sustancias distintas y a otros riesgos como virus, micotoxinas o metales pesados, reforzando así la seguridad alimentaria.
El Gobierno prevé mantener esta tendencia al alza en los próximos años, con nuevas mejoras previstas para 2026, mientras España se posiciona como referente en la Unión Europea en la modernización de los sistemas de control fronterizo.
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