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El sector ovino de carne exige que al consumidor final le llegue “información real y clara” sobre el origen de los corderos

Por Beatriz DeparesResponsable de contenidos de Cárnica

El sector ovino de carne de Castilla y León viene denunciando desde hace algunos meses la entrada masiva de corderos de otros países europeos en nuestros mataderos, lo que agrava la “muy delicada la situación” del sector, tal y como advierten desde la Alianza UPA-COAG.

“Nadie discute de que haga falta ese género, pero lo que sí queremos es que al consumidor final se le dé una información real y totalmente clara sobre el origen del producto, para que la gente sepa lo que está comprando. Porque nos estamos dando cuenta de que la gente no sabe distinguir bien si es lechazo de Castilla y León, o de Francia o de Italia”, nos explica José Manuel Ballesteros, uno de los pocos ganadero de ovino de carne, con 2.500 cabezas, que quedan en Tábara (Castilla y León).

Los productores piden un marcaje claro

“Lo que pedimos es que haya un marcaje claro sobre el origen del producto, tipo como las vitolas que actualmente tiene el jamón ibérico, y que permitieran al consumidor poder identificar rápidamente lo que está comprando”, sugiere Ballesteros.

Según datos de UPA-COAG, desde enero a diciembre del 2023 en los mataderos de Castilla y León han entrado 135.810 animales vivos procedentes mayoritariamente de Francia pero también de Portugal. Y a esta cifra, añade José Manuel, “falta poner los que entran ya muertos procedentes de países como Holanda, Italia o Grecia. Todas las semanas está entrando ganado de fuera. La semana pasada, en dos mataderos de Zamora, se han matado en solo un día 1.800 lechazos de Francia” afirma José Manuel, que también gestiona Industrias Cárnicas Pascualín.

La consecuencia inmediata, nos explica, es que el ovino de los países vecinos llega con precios mucho más bajos por su menor calidad e influye negativamente en las cotizaciones en origen de los lechazos de la región.

“Esto también es lo que hace que el precio del lechado de aquí de España, que cuesta bastante más producirlo y tiene una calidad totalmente diferente, no tenga esa apreciación por parte del consumidor final y no repercuta, lógicamente, el precio de lo que debe de valer en el producto”, lamenta José Manuel.

La profesión “desaparecerá si no se le pone solución”

El perfil del ganadero de ovino de carne de Castilla y León tiene una media de edad superior a los 55 años, y la situación tan delicada que sufre el sector provoca que no haya relevo generacional y que cada vez haya menos profesionales por lo que el mercado español cada vez se llena más de producto foráneo de menor calidad.

“Las ganaderías están cerrando a tope. En España desde 2007 hasta ahora hay 12 millones de ovejas menos. Es dramático lo que está pasando. Yo tengo 42 año y solo hay una persona ganadera más joven que yo en Tábara, donde solo quedan 6.000 ovejas y eso, en pocos años, desaparece si no se le pone solución”, lamenta.

Ante ello, desde UPA-COAG piden un plan de apoyo urgente tanto por parte del Gobierno autonómico como nacional “para recuperar la viabilidad económica de las explotaciones de ovino y caprino, y evitar la desaparición de una producción que, a su importancia económica, añade su especial contribución a la cohesión del mundo rural y a la conservación del medio ambiente”, señalan.

La producción de carne de ovino en CyL se ha reducido un 35 %

Según los últimos datos oficiales del Ministerio de Agricultura, Castilla y León acapara el 32 % del total nacional de la carne de ovino con un valor aproximado a los 500 millones de euros.

En producción cárnica de ovino, la región es la primera en producción de lechazos, con la IGP Lechazo de Castilla y León como referente y con la raza churra, originaria de la Comunidad, como principal exponente. Los censos del MAPA registran 10.570 explotaciones de ovino en las nueve provincias (el 9,5 % del total) y 2,4 millones de animales (el 16,3 %).

Desde la Alianza UPA-COAG recuerdan que la producción de carne de ovino ha bajado en torno a un 35 % en los últimos cinco años y se ha reducido más de un 50 % la cabaña ganadera en los últimos diez años, “y todo por la falta de rentabilidad”.

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