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Que la narrativa contra el consumo de carne no te atrape

Por María José Villanueva

Cada día vemos en los medios de comunicación y redes sociales cómo se hacen eco de noticias que demonizan el consumo de carne e intentan crear sentimiento de culpa, sobre todo a personas desinformadas, por el gran perjuicio que se hace al planeta y a nuestra salud.

Relato que se construye basado en:

  • Perspectiva solamente global y no territorial desde el punto de la sostenibilidad y emisiones de gases de efecto invernadero (GEIs). Diferentes realidades en diferentes geografías del planeta.

    En España, según datos del MAPA, el censo bovino es de 6,5 millones de cabezas (8,6 % UE) y en vacuno de carne hay, de media, 111 animales por cebadero.

    Latinoamérica, sin embargo, por poner un ejemplo, concentra el 28 % del censo global de vacuno del mundo, con unos 400 millones de cabezas de ganado vacuno, aportando más del 25 % de la carne de vacuno mundial y el 8,7 % de la leche.

Interpretaciones desvirtuadas de los estudios sobre contaminación

  • Estrategia de transición ecológica única, cuando se deben considerar por separado. Por un lado, el CO2 fósil (gas vida larga) y por otro, el CH4 (gas vida corta). El metano (CH4) producido por una vaca se degrada en 10 años y el de las emisiones combustibles fósiles tarda 1.000 años. Reducir o eliminar el consumo de carne tiene un bajo impacto en la reducción de GEIs si no se reduce la dependencia de combustibles fósiles en el transporte de la producción ganadera.
  • Interpretación sesgada de la evidencia científica sobre el valor de la carne como alimento. La evidencia científica disponible no es contundente sobre el perjuicio de consumir carne:

    − La evidencia sobre los efectos del consumo de carne, incluida la carne roja, en la salud proviene principalmente de estudios de cohortes observacionales que no pueden indicar causa y efecto para realmente reflejar los efectos de la exposición al riesgo, en este caso el consumo de carne.

    Faltan ensayos clínicos aleatorizados que son los que proporcionan la evidencia científica más sólida.

    − Los metaanálisis que agrupan e interpretan en conjunto los resultados de estos estudios observacionales no tienen en cuenta la heterogeneidad entre estudios, ni entre las poblaciones estudiadas, lo que puede ser una importante fuente de sesgo.

La carne forma parte de la dieta desde hace miles de años

Se ignora, además, la evidencia de otras ciencias como la antropología y la arqueología que estudian al hombre y sus hábitos de alimentación, desde la prehistoria a la actualidad, que indican que la carne ha formado parte de la alimentación humana a lo largo de toda su evolución, en diferentes escenarios desde la escasez a la abundancia y con patrones alimentarios diferentes por variabilidad geográfica y cultural. ¿Y nos hemos desarrollado como especie ingiriendo un alimento nocivo?

Mientras, muchos ciudadanos de a pie, deciden eliminar la carne de su alimentación, convencidos de estar haciendo lo correcto por poner su granito de arena en la sostenibilidad del planeta y, también por no perjudicar su salud, no son conscientes de que la suelen sustituir por alimentos procesados, elaborados con vegetales y grasas de baja calidad, alto contenido energético y un valor nutricional bajo. Y esto sí puede comprometer la salud si no se tiene el conocimiento nutricional adecuado.

¿Podemos atribuir a la carne directamente un deterioro en la salud humana? La evidencia científica no es sólida para hacer una afirmación categórica en este sentido. De lo que sí hay conocimiento es que la carne es una fuente excelente de proteína, vitaminas y minerales y, por tanto, su consumo es recomendable.

La carne siempre ha formado parte del patrón de dieta mediterránea que es el entorno donde vivimos. ¿Quién no tenía en su casa gallinas, o conejos, o cerdos, o vacas u ovejas, o cabras en el medio rural, según la zona geográfica donde vivía?

Lo que la dieta mediterránea ha demostrado es que el consumo de alimentos naturales, incluida la carne, ha de ser responsable (cuánto como, cómo la cocino y cuándo la como), variado y de cercanía.

Hacer perdurar la dieta mediterránea

Lo que sí está demostrado en el siglo XXI es que hábitos de vida como el tabaquismo, el consumo elevado de alcohol, de alimentos ultraprocesados, el sedentarismo y la obesidad son los principales desencadenantes de enfermedad. Entonces, ¿qué es lo que hay que cambiar realmente para mejorar la salud? ¿Eliminar el consumo de carne o mejorar los hábitos de vida?

En cuanto a la sostenibilidad, curiosamente se cuestiona el consumo de carne, pero no se pone en duda la ingesta de otros alimentos. Es más, se fomenta sin tener en cuenta que se cultivan en otros continentes y que para adquirirlos han atravesado en barcos y aviones océanos y continentes. Simplemente se han puesto de moda, son considerados muy saludables y la realidad es que para consumirlos puede haber:

  • Impacto negativo en GEIs porque es necesario recorrer largas distancias con medios de transporte que usan energías fósiles.
  • Cultivos agresivos que demandan gran cantidad de agua para su producción o deterioran el suelo de cultivo o provocan la tala de bosques para aumentar la superficie agrícola para dar respuesta a la alta demanda del mundo desarrollado con alto poder adquisitivo.
  • Dificultad en el acceso a estos alimentos de los habitantes en origen por aumento en el precio, cuando forman parte de su alimentación básica y su renta per cápita es baja. Sociedades menos desarrolladas que no pueden mantener el acceso a sus alimentos de cercanía.

La problemática del aguacate

Un ejemplo puede ser el aguacate. Europa consume unas 5.500 toneladas de aguacate a la semana. La gran demanda europea, de USA, Canadá y otros países ha contribuido al desarrollo del monocultivo frente a otros productos y ha provocado la quema de bosques para aumentar su producción, principalmente en Latinoamérica.

Además, el aguacate necesita mucha agua para su cultivo, lo que hace que sea poco sostenible a gran escala.

Hablando de agua, España produce casi el 83 % del aguacate de la UE y Andalucía cerca del 70 %.

¿Es el aguacate un cultivo sostenible en España? Probablemente con el agotamiento de los acuíferos y la sequía actual y presumiblemente futura haya que planteárselo seriamente. E informar a la población española y europea de esta realidad.

Es importante desarrollar espíritu crítico, ser curioso, saber buscar información rigurosa basada en la evidencia científica, identificando fuentes de información fiables, diferenciar opiniones en medios de comunicación y RRSS de la voz de expertos que aportan formación y experiencia profesional. Todo ello dentro de un entorno donde el acceso a la misma es inmenso.

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