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AINIA estudia las tecnologías necesarias para producir de forma eficiente y sostenible carne cultivada a escala industrial

AINIA, a través del proyecto SMARTMEAT, estudia las tecnologías necesarias para conseguir la producción eficiente y sostenible de carne de agricultura celular. Se trata, tal y como explican, de “una investigación integral para ayudar a las empresas a superar los retos tecnológicos existentes actualmente y posibilitar la producción industrial de la carne obtenida en laboratorio·.

Teniendo en cuenta los requerimientos sociales, medioambientales, legales y tecnológicos, en AINIA se está trabajando en cuatro aspectos clave del proceso tecnológico de obtención de la carne In vitro:

  • la optimización de la obtención de las células aptas para la producción de carne In vitro;
  • el desarrollo de estructuras celulares complejas que mimeticen el tejido muscular;
  • la reducción de los costes del medio de cultivo, mediante la búsqueda de opciones basadas en proteínas alternativas que resulten más saludables, sostenibles y con un precio competitivo;
  • conseguir una producción eficiente que cumpla con las expectativas, a un coste asumible para el público, con las propiedades organolépticas de la carne convencional.

El proyecto SMARTMEAT cuenta con el respaldo de la Conselleria d’Innovació, Universitats, Ciència i Societat Digital, a través de la Direcció General d’Innovació, en el marco de ayudas a los institutos tecnológicos para proyectos de innovación en colaboración con empresas.

Un respuesta a la demanda mundial de carne

La ONU anunciaba recientemente que la población mundial había alcanzado los 8.000 millones de personas, lo que supone 1.000 millones de personas más en tan sólo doce años. Con esta tendencia, el mundo contará con 8.500 millones de habitantes en 2030 y cerca de 9.700 millones para 2050.

A la significativa demanda de alimentos que generará este crecimiento demográfico, se suma un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) que señala un aumento del consumo de carne de casi el 73 % para el año 2050, como consecuencia de un mayor consumo per cápita de proteína animal en los países en desarrollo.

“Para poder dar respuesta a esta demanda al alza es necesario asegurar la sostenibilidad en la producción de este recurso, mediante procesos más eficientes y el uso de nuevas fuentes proteicas que garanticen un sistema alimentario justo, saludable y respetuoso con el medio ambiente. En línea con las prioridades del Pacto Verde Europeo y las directrices de la UE en la Agenda 2030″, indican desde AINIA.

Una opción sostenible a los productos cárnicos convencionales

En la actualidad, la producción intensiva de ganado es la única alternativa para responder a este incremento en la demanda de productos cárnicos. “La tecnología de agricultura celular, para obtención de carne cultivada, supone una opción sostenible a los productos cárnicos convencionales, que puede ayudar a la industria cárnica a complementar los requerimientos de una población mundial en continuo desarrollo. Además de aliviar las repercusiones medioambientales de la producción ganadera intensiva, como puede ser la contaminación por residuos y emisión de gases de efecto invernadero, el consumo de agua, la producción intensiva de cereales para piensos o el bienestar animal”, constatan.

Por otro lado, “la carne cultivada puede suponer una opción aceptada por los consumidores de carne que son conscientes de los efectos del consumo excesivo de productos de origen animal, pero que consideran que las opciones actualmente disponibles basadas en plantas (plant-based), no son atractivas por su textura y sabor. No obstante, para que la carne obtenida a escala laboratorio se convierta en un producto más que podamos adquirir en el lineal, es necesario superar una serie de desafíos tecnológicos como el alto coste de producción”.

Según la consultora Boston Consulting Group, el mercado de las proteínas alternativas podría suponer el 11 % de las proteínas totales consumidas en el mundo en 2035. Así, las alternativas plant-based alcanzarían la paridad en 2023, las basadas en microorganismos, en 2025, y las de células cultivadas, en 2032. Para ello, la industria debe incorporar soluciones tecnológicas innovadoras que hagan más eficientes sus procesos de producción.

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