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Sostenibilidad

Un nuevo modelo de la Unión Europea para la industria cárnica

Sostenibilidad es la palabra más habitual en toda conversación sobre el sector de la agroalimentación debido al cambio de modelo que fomenta la Unión Europea con sus estrategias ‘De la Granja a la Mesa’ y el ‘Pacto Verde’.
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Todo, absolutamente todo, debe pasarse por el tamiz de la sos­tenibilidad en el sector agroali­mentario. Y eso, evidentemen­te, afecta directamente a las empresas cárnicas, cuyos gestores deben contemplar bajo esa perspectiva cual­quier estrategia que deseen desarrollar en el futuro, así como las decisiones que es­tán tomando actualmente en el presente. Porque, en el sector cárnico, todo se hará de un modo sostenible o no se hará.

Un nuevo entorno productivo y de gestión empresarial se está gestando entorno a ese concepto, y eso siempre genera inquietud y muchas dudas. Por ejemplo, ¿Cómo va a aterrizar en nuestras empresas esa ‘sos­tenibilidad total’? ¿En que nos afecta real­mente? Y como principal curiosidad… ¿De dónde viene esta insistente idea de la sos­tenibilidad?

Antecedentes

La idea de avanzar en la sostenibilidad del modelo agroalimentario no es nueva. Son muchas las personas y entidades que han contribuido poco a poco a que crezca la conciencia sobre la dimensión real de los problemas del planeta.

Dicho esto, también hay que reconocer que quizá haya sido una iniciativa de la Orga­nización de las Naciones Unidas la que ha activado el interés actual y lo ha acelerado enormemente. En concreto, la enunciación de los denominados Objetivos de Desarro­llo Sostenible (ODS) puso de total actuali­dad el concepto de sostenibilidad. Y final­mente, ha sido la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quien, des­de que accedió al cargo el 1 de diciembre de 2019, se ha marcado como objetivo con­vertir los ODS en una realidad, al menos en Europa.

Así, desde Bruselas se está tratando de imple­mentar dos estrategias en los Países Miem­bros: el Pacto Verde y De la Granja a la Mesa.

Ambas se desarrollan en paralelo y sin per­der en ningún momento de vista su objetivo común: la descarbonización de nuestra eco­nomía. Es decir, reconducir las emisiones de gases de efecto invernadero hasta neutrali­zarlas. De este modo, al final del citado obje­tivo lo que nos encontramos es la volutad de cambiar los cimientos actuales del sistema alimentario y edificarlo nuevamente de ma­nera totalmente sostenible.

Dicho de otro modo, es muy difícil encontrar a alguien en el mundo actual que se opon­ga o esté en desacuerdo con estas dos am­biciones. Otra cosa es que no se despierten dudas, algunas de ellas muy importantes, en cuanto a la formas, mecanismos y legislacio­nes que Bruselas está comenzando a desa­rrollar para convertirlas en una realidad.

De hecho, no puede ser de otro modo ya que la Unión Europea ha comenzado a lan­zar a la mesa de las empresas un programa legislativo amplísimo que no parará de ge­nerar nuevos requisitos y obligaciones hasta 2024. De este modo, las empresas cárnicas (y todas las agroalimentarias en general) no van a tener ni un momento de respiro en los próximos ejercicios. Todos sus gestores ten­drán la obligación de tomar las medidas ne­cesarias para asegurar la transformación in­tegral de su modelo productivo actual con el objetivo último de la sostenibilidad.

Cambios que llegarán

Como se indicaba al inicio del artículo, todo esto se traduce en una batería de cambios que llegarán desde un comple­to programa de revisión legislativa de las normas que hoy regulan el sector, junto con la adopción de nuevas normas, para así cambiar el modelo.

Todos los departamentos de las empresas van a verse afectados y los profesionales cárnicos tendrán que aprender a trabajar en un nuevo entorno. Si los responsables de Aprovisionamiento tendrán que com­probar la sostenibilidad de las materias primas, el cumplimento de las normas de bienestar animal o la existencia de certifi­caciones de sostenibilidad de la alimenta­ción animal, los de Calidad e I+D tendrán que verificar la adecuación de los materia­les en contacto, los envases, la reducción de emisiones, la huella medioambiental del producto o la valorización de residuos y subproductos.

Y no serán los únicos. El departamento Co­mercial se enfrentará a posibles restric­ciones a la comunicación comercial; el de Marketing tendrá que hacer frente a te­mas como el etiquetado frontal y los perfi­les nutricionales; en Logística afrontarán el control de sostenibilidad sobre el transpor­te contratado; Finanzas tendrá que cumplir criterios de sostenibilidad en las inversio­nes; el departamento Legal se ocupará de la Responsabilidad medioambiental de la em­presa; Recursos Humanos deberá ofrecer una formación integral en materia de soste­nibilidad a todos los trabajadores…

El paquete legislativo es intenso y extenso. Como muestra, y sin tener un carácter ex­haustivo, los siguientes ejemplos permiten hacerse una idea de los objetivos que habrá que cumplir:

◗ Reducción del uso de fertilizantes en un 50%.

◗ Reducción del uso de antibióticos en un 50%.

◗ Reducción de plaguicidas en un 20%.

◗ Incremento de las normas de bienestar ani­mal.

◗ Reducción de emisiones de efecto inverna­dero, desaparición de los combustibles fó­siles (2050) y potenciación progresiva de las renovables.

◗ Etiquetado frontal (Nutriscore o equiva­lente), etiquetado de huella ambiental de los alimentos.

◗ Reformulación obligatoria (sal, grasas y azúcar).

◗ Minimización de los residuos de envases, prohibiciones e impuesto al plástico.

◗ Restricciones a la publicidad de los alimen­tos ‘altos en’.

◗ Recomendaciones de límites al consumo de carnes.

◗ Reducción obligatoria del desperdicio ali­mentario.

¿Ahora no se hace nada bien?

Cuando se enumeran los objetivos y datos anteriores, da la sensación de que los redac­tores de estas estrategias europeas no en­cuentran virtud alguna en la actual cadena agroalimentaria. O que nadie les ha adverti­do de las enormes cifras que esta actividad económica o del empleo que hay detrás de la misma. Eso por no hablar de la alta esperan­za de vida en Europa, en la que, sin duda, algo tiene que ver lo que comen sus habitantes…

Pero no se trata de parar y lamentarse, ya que el escenario mostrado es el que llega y hay que afrontarlo. Los poderes públicos, desde los europeos hasta los nacionales, han dejado de hablar de cadena agroalimentaria para hacerlo de ‘modelo agroalimentario’. Y ese concepto va mucho más allá que el pri­mero, ya que integra en su significado desde el insumo hasta el consumidor, siempre des­de la óptica de la sostenibilidad.

Por lo tanto, los gestores cárnicos deben ir­se a costumbrando al nuevo concepto y, so­bre todo, deben prepararse para anticipar­se a sus efectos. Principalmente porque hay otro asunto que merece una adecuada re­flexión: En este asunto, los agentes sociales marcan la agenda y sus contenidos más aún que en el mundo económico.

Qué deben hacer las empresas cárnicas

No es fácil. Pero tampoco difícil, así que no hay que vender angustia o miedos. Pa­ra empezar, estos cambios nunca son in­mediatos, la maquina comunitaria no para, pero es pesada y concede tiempo sufi­ciente para la necesaria adaptación de la realidad de cada empresa a las nuevas exi­gencias y normativas legislativas. En pri­mer lugar, hay que asumir que lo que afron­tamos no es una mera actualización de algunos modos de producción o gestión. Se trata, de un completo cambio de modelo, con todo lo que ello implica.

Es decir, como siempre que cambia todo el escenario, y así lo hemos visto en este ar­tículo, queda afectada la integridad de la empresa y no solo alguna de sus áreas fun­cionales. Como quedó delimitado antes, nadie se queda fuera del impacto: aprovi­sionamiento, calidad e I+D, operaciones, fabrica, comercial y marketing, logística, finanzas y asuntos legales, atención al con­sumidor… Nadie se salva.

Y si nadie se salva, eso quiere decir que es un tema de dirección, de la propiedad, del con­sejo de administración… Los rectores de las empresas no pueden esconderse en esto por­que en ello va la supervivencia de las compa­ñías. Por lo tanto, no se debe caer en la ten­tación de decir “eso lo lleva compras”, “eso es de calidad”, etc. Sería lo que vulgarmente se llama ‘hacerse trampas al solitario’ y sus consecuencias, a medio y largo plazo, serían muy dañinas, por no decir definitivas.

A la dirección de las empresas le correspon­de la tarea de seguir atentamente la evolu­ción de los temas en Bruselas, para lo cual pueden apoyarse con seguridad en las aso­ciaciones sectoriales. Y si hace bien eso, su segunda misión, según se avance en las nor­mativas y leyes de sostenibiidad europeas, será pararse de vez en cuando a pensar (precisamente lo más difícil de la gestión es encontrar tiempo para pensar) y luego pre­guntarse cómo afecta cada cambio a la em­presa para implementarlo lo antes posible de acuerdo a las necesidades y característi­cas particulares de cada compañía.

Y por supuesto, recordar siempre que hay que estar muy atentos a las ayudas que van a llegar desde Bruselas para incentivar es­tos cambios y que se materializarán en los próximos meses. 

Puedes leer el artículo completo escrito por Horacio González Alemán (Asesoría estratégica en asuntos agroalimentarios) en el número 146 de Cárnica.

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