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Manuel Pimentel: “Nos hemos olvidado de que somos la despensa de los europeos y eso es la base de un suicidio alimentario nacional”

Por Miriam PérezDirectora del área Cárnica

Aprovechando el Día del Libro que se celebra hoy, 23 de abril, recordamos la entrevista, publicada en el número 247 de la Revista Cárnica, a Manuel Pimentel, exministro de Trabajo y Asuntos Sociales y autor del libro ‘La venganza del campo’, con el que se ha convertido en una de las principales voces defensoras de la situación de los ganaderos y agricultores españoles de cara a la sociedad.

De forma sencilla y clara, Pimentel explica el origen de este malestar y nos da las claves de hacia dónde deberían dirigirse tanto los esfuerzos de los profesionales como las leyes regulatorias.

Pregunta. Desde tu punto de vista, ¿corre peligro España de convertirse en el campo de paseo de los europeos? ¿La industria cárnica podría acabar desapareciendo?

Respuesta. Hay un sentir inconsciente de parte de la sociedad europea y española de que el campo es un sitio para pasear. En el caso español, el campo está muy volcado con el turismo y parece que solo sirva de lugar de recreo para los turistas. Nos hemos olvidado de que somos la despensa de los europeos y, claramente, eso es la base de un suicidio alimentario nacional. Tenemos que apostar por producir de manera inteligente, clara y sostenible los alimentos y la proteína que necesitamos. 

Nos hemos olvidado de que somos la despensa de Europa

P. Se ha criticado que los productores españoles no iniciaron sus movilizaciones hasta que Francia empezó a “atacar” al producto español. ¿Por qué cuesta tanto movilizarse?

R. Veníamos de un contexto en el que antes de la pandemia hubo algunas tractoradas, por que está situación no es nueva, las quejas vienen desde hace años. Lo que ocurre es que en esos momentos la alimentación todavía no era un problema para la sociedad. Las movilizaciones producidas a principios de años, sin embargo, han sido a nivel europeo, muy sonadas y gracias a ellas la sociedad ha recibido un gran toque de atención.

Yo las valoro de forma muy positiva y estoy convencido de que las tractoradas van a tener repercusiones, tanto en la conciencia general, como a nivel legislativo. En los últimos días hemos notado que algunas normas o se han retrasado, o se están matizando o directamente, van a tener otra orientación.

La movilización en el campo no es fácil, significa que el agricultor y el ganadero dejan su ‘tajo’, tienen que desplazarse y paralizar su actividad y esto ni es sencillo, ni puede hacerse todos los días. Y es que, como todos sabemos, en el campo no hay días libres ni de asuntos propios.

“Las tractoradas han supuesto un toque de atención para la sociedad”

P. ¿Crees que la falta de unión entre los diferentes sindicatos y asociaciones del campo ha hecho que las movilizaciones tengan menos fuerza?

R. Esta circunstancia son temas internos que así se quedan. Para mí lo importante es la mirada de la sociedad, ¿qué ha visto? Cuando ves que es un fenómeno nacional que tiene repercusiones europeas, te das cuenta de que no es político, y que hay algo muy de fondo y muy profundo. Internamente puede haber ciertos desajustes, pero externamente ha calado y ha removido conciencias. Los agricultores y los ganaderos quieren sobrevivir a una muerte impuesta y se precisa de estos ruidos porque si no la despensa se pone en riesgo, y esto es algo que ya empieza a inquietar a los ciudadanos.

Los agricultores y los ganaderos quieren sobrevivir a una muerte impuesta

P. ¿Crees que la distribución es la responsable de los males de los productores? ¿Son legítimas las reivindicaciones de dar un mayor valor y precio a sus productos?

R. La cadena de distribución en España es muy eficiente y está sometida a una alta competencia. Es verdad que tiene mucho más poder de negociación que los productores. Se le puede achacar que ha puesto muchas veces la bota sobre el cuello de los ganaderos para apretar hasta bajar precios a nivel de ruina. 

Lo que no se le puede achacar es la responsabilidad de la subida de los precios de los alimentos.La distribución es deflacionaria, no es flacionaria y tiene una gran competencia. A día de hoy, si una cadena de supermercados sube los precios, inmediatamente los consumidores nos vamos a la cadena vecina que los ha mantenido bajos.

Una vez dicho esto, no cabe duda que los ganaderos deban reivindicar que su producto tenga el valor que se merece. Y creo que la nueva situación va a equilibrar la fuerza de negociación, porque hay desajustes europeos y hay que garantizar el suministro. Soy de la opinión de que poco a poco, los productores van a ir teniendo una mayor fuerza de negociación ante la nueva situación. 

“No se le puede achacar a la distribución la subida de los precios de los alimentos”

P. Entonces, ¿Qué opinión le merece la ley de la cadena?

R. Es una ley intencionada, pero soy escéptico en algunos casos.¿Qué significa que no se pueda vender por debajo del precio de producción? Cada país, empresa y zona tiene un coste distinto… esto ya la escuela de Salamanca dictó sentencia sobre el concepto “precio justo” y es algo directo al mercado. La ley de la cadena está bien intencionada pero a efectos prácticos es muy difícil debido a las diferentes características socioeconómicas de los países. 

P. El sistema agroalimentario está edificado de una manera en la que desde que se produce el alimento hasta que el consumidor lo recibe, pasa por una gran cantidad de intermediarios. ¿Podría cambiar el modelo? ¿De qué depende?

R. Cualquier modelo es susceptible de mejora, pero el modelo español no es distinto al occidental, europeo o norteamericano. De hecho, hay productores que cada vez están apostando más por la integración vertical. Pero es muy importante tener claro, que la subida de precios no es responsabilidad de los intermediarios. Esto es un error, los intermediarios se van a llevar lo mismo ahora que hace 2 años, cuando el precio del carro de la compra estaba a 125 euros, aunque ahora sea 250 euros. 

P. De esa diferencia no se beneficia la distribución, es cuestión de que la oferta está más cara y la venganza del campo está empezando. A día de hoy, el producto que importamos ha aumentado, se encarece, debido al desmantelamiento que Europa ha hecho del sector agroalimentario. ¿Cuál es la moraleja? Al mercado llega menos y más caro.

R. Por eso reitero, los precios no se encarecen por la distribución, se encarecen por la oferta y por el tratamiento de castigo al que se ha sometido a los productores durante décadas. 

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“Los precios se encarecen por la oferta y el castigo a los productores”

P. Llegados a este punto, definamos qué es la venganza del campo…

R. Es un término alegórico con connotación bíblica que engloba una realidad. La sociedad europea eminentemente urbana lleva décadas despreciando y persiguiendo a productores y ganaderos a los que considera enemigos del medio ambiente y maltratadores animales. Por eso, ha ido aprobando una serie de normas que limitan, restringen y encarecen la producción agraria.

Ante esta situación, el campo ha respondido con la misma respuesta que en tiempos bíblicos: menos oferta y oferta más cara. De hecho ese canon que ahora está a 250 euros, si seguimos así va a llegar a 500 euros. Este es el foco que hay que mirar. Pero que nadie quiere hacerlo, porque si se hace, algunos tópicos se caen.

P. ¿Cómo se puede hacer frente a los ataques y castigos hacia la industria cárnica? En definitiva, ¿cómo se puede defender el campo?

R. Es un tema muy complejo y variado y muy importante. La primera idea que tenemos que recordar y repetir es que comer carne no es pecado, ni tiene un efecto moral, sino que es sano y una necesidad del ser humano para no enfermar. Es más, en esta película de buenos y malos, los productores cárnicos son los buenos, moralmente, porque nos proporcionan la proteína animal, que la sociedad precisa. 

Es verdad que legítimamente hay personas que entienden que los animales son seres sintientes y prefieren optar por el consumo vegetal, pero la libertad debe primar hacia los dos lados. Me parece perfecto que haya alternativas de origen vegetal pero que en el mercado no se engañe a nadie y se indiquen los ingredientes y se les aplique, en el caso de las granjas de insectos, por ejemplo, la misma legislación que con los pollos y los cerdos. 

El tema más delicado va a ser con las carnes sintéticas que tienen su origen en las células madre, donde sus promotores, respaldados con grandes capitales, están promoviendo que es más sostenible y moralmente más aceptable. Y aquí es donde hay que ganar la batalla, si usted quiere hacer carne sintética, hágala, pero dígale a la gente su origen, como decía antes. Aunque, a día de hoy el mercado está dictando sentencia de manera clamorosa en países donde está aceptado el consumo es insignificante y es carísimo. Tenemos que defender la libertad y la igualdad moral para todos. 

Si usted quiere hacer carne sintética, hágala, pero dígale a la gente su origen”

P. ¿No crees que el consumidor está comprando la idea de que la industria cárnica contamina y es menos sostenible?

R. La industria cárnica lleva mucho tiempo soportando fuertes campañas en su contra, se ha instalado esta idea en el imaginario colectivo y por eso cada vez es más difícil instalar una granja. Hay que trabajar en ello, desde el respeto a todas las posiciones, explicando el por qué el consumo de carne es necesario para la salud. Pero sin embargo, el consumidor sigue apostando por la proteína animal, es verdad que se está deslizando también con la subida de precios a proteína más barata como el huevo, pero la sociedad es sabia y tiene que entender que para producirla, no se puede prescindir de los ganaderos.

P. Mencionas en tu libro que “Los agricultores, ganaderos y pescadores no son parte del problema, son parte de la solución”, pero hay también los que los critican por no invertir el dinero de las subvenciones en lo que deberían…

R. Es un tema muy profundo e importante. En mi libro explico que no hay ni buenos ni malos. Entonces, ¿cómo hemos llegado aquí? Por la globalización. Las cadenas de distribución que se concentraron a partir de los 80, apretaron mucho los precios e hicieron un euro fuerte, haciendo que la alimentación fuera la más barata de toda la historia de Europa. 

Aparecieron las encuestas de los problemas que preocupaban a los ciudadanos europeos y se encontraban: el paro, la vivienda, el ocio… y la alimentación no, había desaparecido. Si tu no valoras la alimentación, no valoras a los que la producen. Por tanto el mundo rural se volvió invisible. Y sin embargo, empezó a ser prioridad para la sociedad urbana de los 2000, la sostenibilidad y el medio ambiente, así que las leyes empezaron a enfocarse en estos términos.

Cuando el carro de la compra vuelva a estar a unos precios más altos y la sociedad se vuelva a preocupar por ello, entonces se empezará a interesar a aquellos a los que se les proporciona. La granja, el invernadero y el regadío dejarán de ser tan malos. 

P. ¿Puede darse la vuelta a esta situación? Que vuelva la rentabilidad de las explotaciones y los jóvenes quieran trabajar en el campo… 

R. Esto pasa en todo el sector primario. Para que vuelva a ser atractivo tienen que darse tres circunstancias: la primera que sea rentable, la segunda que tenga prestigio social y la tercera, un cambio en la forma de producción. El campo tendrá que seguir trabajando en su mecanización, invertir en nuevas tecnologías, apostar por el uso de los datos…Tendrá que mecanizar, aplicar nuevas tecnologías, intercambio de datos, inteligencia artificial…

Si que se va a tener un problema a la hora de encontrar operarios de primera línea, no hay jóvenes y ni siquiera con la inmigración se van a poder cubrir los huecos.

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P. ¿Cómo se recupera la rentabilidad y el prestigio social?

R. Las explotaciones van a ser rentables cuando la sociedad pague más por esos productos. Y va a pagar más, por oferta y demanda y por el equilibrio entre la fuerza desproporcionada que han tenido las cadenas de supermercados frente a los productores. Creo que está por venir una fase de mejores precios agrarios que los que hemos tenido desde el año 2000. La cesta media va a hacer que los productos en general suban. El prestigio se recupera cuando la gente valore la alimentación, ¿cómo la valorará? Cuando le cueste.

Las explotaciones van a ser rentables cuando la sociedad pague más por esos productos

P. Tras la pandemia, la crisis energética y demás… Se ha hecho un llamamiento desde algunas Consejerías de agricultura hacia la autosuficiencia… ¿es el camino?

R. Yo soy partidario de fronteras abiertas, España es un país exportador y nos pegaremos un tiro en el pie si quisiéramos cerrar fronteras…

P. Pero se hablaba por ejemplo de la falta o el encarecimiento del pienso causada por el conflicto en Ucrania…

R. Yo ahí no comparto la opinión. Si con las fronteras abiertas la cesta aumenta de precio, si las cerramos, va a ser un despropósito. Una cosa es abrir fronteras donde los españoles ganamos porque somos buenos y somos exportadores netos y otra cosa distinta es que las reglas de juego sean diferentes entre países, esa es la clave.

Si conseguimos que a todos los países les pongan nuestros cánones de calidad, arrasaríamos en los mercados y venderíamos más y a mejor precio. Pero actualmente hay muchos países que están enviando sus productos a la Unión Europea sin control.

Si conseguimos que a todos los países les pongan nuestros cánones de calidad, arrasaríamos en los mercados

P. Parece una situación muy utópica… De todos es sabido que hay países terceros que juegan con otras condiciones… ¿Se dará en algún momento?

R. Tendríamos que conseguirlo y ser inflexibles. Se puede conseguir y es una lucha que tenemos que pelear todos juntos.

P. ¿Podrías destacar algún consejo o frase de su libro que anime al sector a seguir peleando de cara a la sociedad? 

R. El sector cárnico cumple un papel social muy importante. Provee a la sociedad de una proteína cárnica muy necesaria y sin ella no podemos vivir. Moralmente milita en un bando noble y necesario, ha sido atacado y por tanto cumpliendo las normas, por mi parte, no me queda más que darle mucho ánimo y pedirles que estén convencidos de que su tarea va a acabar siendo reconocida. 

“La importancia del sector cárnico va a acabar siendo reconocida”

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